Aprecia la lectura

Esta es la trascripción de un artículo de las Selecciones del Reader´s Digest.: “Mi maestra informó a mi madre que cuando yo leía parecía ir trazando las palabras con la nariz.  En consecuencia, a los pocos días llegué al salón con paso vacilante, pues el suelo no estaba donde mismo.  Pero me sentía orgullosa: no era sólo la alumna más pequeña de la escuela, ¡también llevaba anteojos!  Traspuse la puerta majestuosamente, y todos se quedaron boquiabiertos, tal como me lo había imaginado.

El grupo entero (cursaba yo entonces el primer año de enseñanza primaria) hizo corro a mi alrededor, pidiendo a gritos turno para verlos: eran chiquillos ansiosos y niñas envidiosas.  La maestra, que distribuía la cartulina y el engrudo para los trabajos de aquella mañana, sonrió al verme tan radiante.

    Mis lentes pasaron de mano en mano y de unos ofuscados ojos a otros.  Al recuperarlos, me pareció que habían mejorado por todas las huellas digitales, por el ajuste flojo y por el honor que me habían valido.  Me los puse con cuidado, abrí ceremoniosamente mi libro y lo sostuve a distancia cómoda.  Había en la página, inmóviles, luminosas y distintas, varias palabras hermosamente legibles.

    No es que supiera leer muy bien, pero me encantaba hacerlo, incluso cuando me costaba trabajo, pues adoraba los libros.  Me agradaba sentir su peso (cosa importante y de gente mayor).  El olor a papel, a tinta de imprenta y a pegamento casi me producía éxtasis.  Encontraba una satisfacción profunda en la forma y en la nitidez de las letras, dispuestas con tanta precisión.

    Siendo yo más pequeña, me acurrucaba contra mi madre mientras ella me leía en voz alta; me intrigaba el que aquellas palabras impresas conservaran el cuento inalterable cada vez que lo escuchaba, tal como lo deseaba oír.  Yo las susurraba, siguiendo la voz de mi madre, y me estremecía en los pasajes emocionantes.  Quizá, pensaba, esos signos sujetaban los cuentos dentro de los libros como otras tantas tachuelas, para que no se salieran de su sitio; y así es, en realidad: fijan pensamientos e imágenes en los lugares apropiados.

    Por tanto, puse mucho empeño en la escuela, ansiosa de avanzar en aquella aventura.  Perdía el resuello al toparme con vocablos largos, como murciélago o rinoceronte, pero deseaba leer más y más.

    Cuando por fin pude descifrar cuentos, las mágicas propiedades de las palabras se me antojaron más eficaces que antes.  En ocasiones miraba fijamente algún libro, como para ver de qué estaba hecho en realidad.  Papel impreso y encerrado entre dos cubiertas.  ¿Cómo podía un objeto tan plano, y sin más colores que el blanco y el negro, cautivar mi pensamiento y turbar mi corazón?  ¿Cómo conseguía yo captar una imagen clarísima de algo que jamás había visto con sólo posar los ojos en unas letras?  ¿O bien oír una marcha militar, cuando en la habitación sólo había silencia?

    Me lo acercaba y me inclinaba sobre él para examinar una por una las palabras que contenía.  En mi silabario carecían de vida; en este otro, dispuestas en orden diferente, me hacían vivir milagros.  ¿Por qué?  ¿En qué forma?

Maravillada y segura de que aquello era arte de magia, seguía el encadenamiento de los términos mientras creaban un relato, y me sentía trasportada lejos de mi asiento.  Me estremecía de reverencia y expectación cada vez la palma de la mano por la primera página.  ¿Por qué tal anticipado gozo?  Sin duda no todos eran admirables; ya me había topado con algunos.  ¡Pero este bien podría serlo!  Y resultaría diferente, en una u otra forma, de cuantos había leído.

Adquirir el hábito de la lectura con la naturalidad propia de la niñez; tan espontáneamente como surgen la fantasía o las estaciones.  Entre las ramas de un manzano torcido me enfrascaba en aquellas páginas, a la espera de que un petirrojo surgiera de su cascarón azul.  Leía en el desván, atenta al ruido de la lluvia, o en una caja vieja que me servía de casa de muñecas, de cueva y de castillo.

 Leía también a la hora del desayuno, mientras me tentaba el diente flojo; después de la cena, mientras mis padres escuchaban la radio; en el tranvía.  Por último, en la cama, atiborrada de material de lectura, me quedaba dormida como entre amigos.  El feliz desenlace de algún relato cerraba con broche de oro mis días más atareados.

Así que fui lectora ávida desde muy niña, y nunca he dejado de serlo.  El placer que ello me proporciona jamás ha disminuido y eso que mi existencia abunda ahora en tantos acontecimientos, obligaciones y experiencias, como en mi ya lejana niñez.  La vida es complicada, pienso a veces.  ¡Qué bueno que allí, sobre la mesa, me aguarda un libro junto a un frutero lleno de manzanas rojas y amarillas!  No conozco invitación más atractiva a la serenidad y a la meditación.

 Cualquiera que sea la suerte que me depare el destino, siempre habrá una mente ordenada que consultar cuando la mía no me dé una respuesta sensata.  La lectura mitiga en gran parte mis sentimientos de soledad, de ineptitud o de falta de fe, y llena mis horas por la diversidad de experiencias humanas.  El mundo me resulta mucho más querido al aprender algo de sus orígenes, de su fragilidad y belleza, de su misterio y de su lugar en el infinito.  Río (porque todos necesitamos reír), y sigo adelante.

Como las plantas que adornan mi ventana y los platos sobre la mesa, los libros expresan y alimentan mi vida.  Me gusta tenerlos a la vista, en los estantes.  Son amigos afables y hermosos, y siempre hay uno nuevo del cual echar mano.

En esto estriba su encanto, y en la renovada expectación que siento como cuando era niña.  Me planto firmemente los anteojos en la nariz, fiel a mi vieja costumbre, me acomodo a mis anchas y busco la primera página.  ¡Allí hay algo nuevo para mí, algo aún insospechado, y estoy a punto de descubrirlo!

EJERCICIO

Menciona cinco libros principales que haya leído hasta ahora?

1.                             2.                                     3.

4.                             5.

Menciona las causas del poco aprecio por la lectura y señala las alternativas de solución posible:

CAUSAS

ALTERNATIVAS

 

 

 

 

* Elabora 7 resúmenes de 7 libros escritos entre 1998-2002. Con el siguiente formato:

Primer libro

Autor: ..............................................................................................

Título: ..............................................................................................

Año:  .......... Editorial:..................................................No. páginas: ......

Resumen:

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¿Qué nuevas ideas te han dado los libros que has leído?

Primer libro:  ......................................................................................

Segundo libro: .....................................................................................

Tercer libro: ......................................................................................

Cuarto libro: ......................................................................................

Quinto libro: ......................................................................................

Sexto libro: ......................................................................................

Séptimo libro: ......................................................................................

 

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