Keysaku, Toño y mi hermano el "Papi" (derecha): Japon, 2001 LOS SECRETOS DEL CIELO Y EL INFIERNO

El anciano monje estaba sentado a la vera del camino, con los ojos cerrados, las piernas cruzadas y las manos en el regazo, sumido en profunda meditación.

De pronto, la voz áspera y exigente de un guerrero samurai interrumpió su zazen.

- !Tú, anciano! !Enséñame qué son el cielo y el infierno!

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Al principio el monje no dio señales de respuesta, como si no hubiera oído. Pero poco a poco fue abriendo los ojos; un leve dejo de sonrisa jugaba en las comisuras de su boca. Mientras tanto, el samurai aguardaba con impaciencia, agitándose más y más con cada segundo transcurrido.

- ¿Deseas conocer los secretos del cielo y el infierno? -dijo el monje, por fin-, Tú, que estás tan desaliñado. Tú que tienes las manos y los pies cubiertos de polvo. Tú, que vas despeinado y con mal aliento. Tú que cargas una espada herrumbrosa y descuidada. Tú, tan feo,  vestido por tu madre de esa manera tan ridícula, ¿tú me preguntas por el cielo y el infierno?

El samurai pronunció una vil maldición y, desenvainando la espada, la elevó por encima de su cabeza. Se había puesto carmesí; las venas se le marcaban en el cuello en nítido relieve, en tanto se disponía a degollar al monje.

-Eso es el infierno- dijo suavemente el anciano monje, en el momento en que la espada iniciaba su descenso.

En esa fracción de segundo, el samurai quedó sobrecogido de asombro, respeto religioso, comprensión y amor hacia ese gentil ser que había osado arriesgar la vida misma para transmitirle su enseñanza. La espada se detuvo en plena trayectoria y los ojos se le colmaron de lágrimas agradecidas.

-Y eso- dijo el monje- es el cielo.

 

Jhon W. Groff Jr.

 

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