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Redención

Dios te conserve fría la cabeza,
caliente el corazón, la mano larga
corta la lengua, el oído con adarga
y los pies sin premura y sin pereza.  

Cuando en la senda del vivir tropieza
el hombre, del dolor bajo la carga,
su propio peso es el que más le embarga
para alzarse del suelo. La tristeza
sacude, empero, que ella es el
más corruptor de nuestras propias vidas,
pues no es vivir, vivir bajo su amago.

No por tus obras, tus tesoros midas,
sino que el alma, de la fe pura en pago,
se levanta merced a sus caídas.

-Miguel de Unamuno-

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Alfonso Paredes