Didáctica
 Una carta para ti  
 

Lima,  14 de abril del 2007

 

Me alegra saludarte y agradecer  a Dios porque haz sido nombrado para ser un futuro maestro. Oro a Dios para que honres este sagrado nombramiento y establezcas la línea de continuidad que ya lo ha iniciado el Maestro de los maestros.

 

Se dice que el maestro es un compuesto. Un maestro debe tener la energía de un volcán en erupción, la eficiencia de una computadora de última generación, la memoria de un cámara digital, la sabiduría de Salomón, la tenacidad de una araña, la paciencia de una tortuga tratando de cruzar la autopista en la hora del tráfico, la firmeza de un general, la diplomacia de un embajador y la perspicacia financiera del más grande banquero. Debe recordar que enseña siempre por palabra pero más por ejemplo.

 

Un maestro debe poseer muchas habilidades. Debe no importarle explicar por décima vez lo intrincado de una profecía y luego explicar otra vez a uno que no estaba poniendo atención. Debe aprender a juzgar entre estimular o empujar al alumno. Debe percibir qué decisiones hacer y cuáles debe dejar que hagan los alumnos. Debe ser constante sin ser inflexible; benévolo sin ser muy sentimental; amoroso sin ser posesivo. Debe vivir en la niñez y la juventud sin convertirse en un niño o muchacho; debe compartir sus alegrías, satisfacciones y delicias, mientras que por el otro lado debe entender sus pesares, irritaciones, dificultades y hostilidades.

 

Tú eres maestro desde ahora... y para el desempeño de tu preciosa misión, debes reflexionar muy a menudo sobre los siguientes puntos que serán programas de tu vida diaria.

 

A QUIÉN VAS A ENSEÑAR...

¿Qué debo hacer para enseñar a José? se preguntaba alguien... y la respuesta era obvia, CONOCER a JOSE.

 

Y tú también tendrás que CONOCER a José... y lo distinguirás entre Víctor, María y Jorge. No puedes olvidar que todos tus alumnos son diferentes porque lo son ya desde su concepción.

 

Unos serán claros como nuestras mañanas luminosas, otros oscuros como las noches de invierno... alegres como los arroyos que bajan de las colinas, silenciosos y tristes como las tierras desérticas... Aquellos llenos de amor, copia fiel de hogares bondadosos, rostros tristes y amargados porque desde la cuna conocieron el llanto y la amargura...inteligentes y vivarachos, apocados y sumisos; desarrollados físicamente o débiles.

 

A esas diferencias adaptarás tu enseñanza si persigues resultados positivos y si deseas aumentar "los cinco talentos" que Dios le ha concedido a Efraín, los cuatro talentos que recibió Nahara, los tres a Sully...

 

QUÉ VAS A ENSEÑAR...

Conocerás los bosquejos y contenidos propuestos por quienes planean y dirigen la educación. Les darás un orden lógico partiendo de los intereses y conocimientos de tus alumnos. Seleccionarás los tópicos más oportunos, útiles y prácticos, consultando las necesidades sicológicas y las urgencias del momento sin olvidar las proyecciones al futuro que tanto deben inquietarse desde el primer momento.

 

Enseñarás verdadera vida cristiana y te cuidarás de enseñarla con tu propio ejemplo. Aquella vida cristiana que significa respeto por la opinión ajena, amor hacia nuestros hermanos y consolidación del núcleo familiar.

 

Les enseñarás una imagen del Dios bondadoso, del Dios hermano que nos protege y nos guía. De ese ángel tutelar que recuerdan hasta los más temibles criminales porque desde la cuna escucharon aquella preciosa oración: "Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día..." Y que el mundo actual ha olvidado dejándonos sin esa consoladora evocación.

 

CÓMO VAS A ENSEÑAR...

Tendrás para cada tema objetivos muy claros y precisos que ensanchen no sólo los conocimientos sino también que fomenten el aprecio hacia actitudes y valores  y conduzcan hacia la adquisición de habilidades y entrenamiento para participar en la difusión del Evangelio. Permite que el pensamiento creativo, crítico se desarrolle en tu clase. Procurarás variar los procedimientos de la enseñanza para que la rutina no mate el interés de tus alumnos. Imprimirás entusiasmo y alegría a tu enseñanza, y sonreirás a menudo... Ellos llegan a menudo de hogares desechos, los que no conocen la sonrisa de sus padres, necesitan de la tuya para poder amar la vida que tan parca ha sido con ellos... y entonces, su retraimiento, su pereza, sus respuestas desconocidas, sus desatenciones, no te parecerán hijas de la irresponsabilidad infantil, sino reflejos de ambientes destructores que necesitan de tu ayuda y atención.

 

Procurarás variar los materiales de enseñanza, sin abusar de las "ayudas didácticas" para no caer en la "objetivitis". Traerás el mundo exterior a tu clase cuando no puedes llevar a tus alumnos hacia el mundo de la naturaleza. Los conducirás lentamente de lo fácil a lo difícil, de lo conocido a los desconocido; de lo abstracto a lo tangible; del todo a las partes. Procurarás el estímulo y la satisfacción del éxito que tanto escasean en el mundo de hoy.

 

DÓNDE VAS A ENSEÑAR...

Debes procurar que el ambiente de tu clase sea agradable: limpio, ventilado, lleno de luz y colorido. Con un mobiliario bien dispuesto y que permita libertad de movimientos.

 

Permitirás el diálogo...Te lo repito: promoverás y permitirás el DIÁLOGO y no el MONÓLOGO. Permitirás también el trabajo en subgrupos. Que tus alumnos aprendan a pensar y a resolver sus problemas y a plantear alternativas a los grandes desafíos de la sociedad, para que lleguen a ser mejores ciudadanos en esta vida y en la eternidad.

 

PARA QUÉ VAS ENSEÑAR...

Enseñarás para que cada alumno se descubra a sí mismo y conozca sus propios valores. Para que adquiera hábitos de honestidad, puntualidad y responsabilidad. Para que sea respetuoso a la libertad ajena, Para que pueda actuar en aquellas situaciones que suponen cambio. Para que ascienda en la escala social por sus propios valores y transforme en provecho de todos la sociedad donde le toque actuar. Para que predique y difunda con entusiasmo el mensaje evangélico encargado. Para que sea un integrante del reino de los cielos.

 

CÓMO VAS A EVALUAR...

No olvides que la evaluación de un alumno no es cuestión de un momento, ni mucho menos de un examen que poco o nada dice del potencial del alumno. Esta evaluación la tienes que iniciar desde el primer día que el alumno se integra a la clase. Evaluarás su iniciativa, sus conceptos y opiniones, su comportamiento dentro del grupo y en el círculo familiar. No puedes limitarte a calcular sus conocimientos por una lista de acontecimientos que los dice de memoria, o una recitación precisa de las profecías...etc. Necesitarás que el alumno aprenda a comparar, a asociar, a deducir, a razonar, a buscar causas y efectos, y a mirar los acontecimientos desde puntos de vista bien distintos. No puedes olvidar que esta evaluación también te está evaluando a ti y que en tu misión y en tu encargo como maestro, debes anotarte más triunfos que fracasos, porque la empresa de la educación no da lugar a rectificaciones y en ella se TRIUNFA o se FRACASA...

 

TÚ ERES MAESTRO...

Quiso Dios que llevarás este título que Él adoptó como hombre a su paso por la tierra y que desde entonces es sinónimo de paz, seguridad, de equilibrio, de veracidad, de bondad, de perdón y de conocimiento profundo de las personas.

 

Eres GUÍA, pero los guías siempre marchan adelante mostrando el camino; sondeando los peligros, presintiendo los fracasos y buscando las fallas que podrías ser fatales en el ascenso; marchan con la mirada en alto escrutando los horizontes y sorteando las brisas para definir las rutas de sus guiados. Dan consejos seguros y dejan huellas muy visibles para que todos logren llegar a la meta perseguida.

 

Posees el don maravilloso de la flexibilidad; te adaptas a todas las situaciones de cambio, estirando y encogiendo como aquel acero bien templado que supo someterse a procesos de frío y calor elevados para luego ceder cuando las circunstancias lo exijan sin romperse.

 

Estiras y encoges el hilo de la cometa de la niñez y de la juventud; las lanzas al viento pero lo recobras cuando las corrientes extrañas tratan de destrozarlas o desviarlas de su ruta.

 

Es tu ejemplo el que predica y conduce: La moda no te extraña pero la usas con sabiduría...Eres sociable y alegre, pero prudente y parco... La ciencia que posees no te ha envanecido y por eso tus explicaciones son claras y sencillas... Sabes reír, pero también sabes llorar con quienes te buscan agobiados por sus penas. Reflexionas y calculas antes de amonestar y tu voz es serena con el cálido timbre de las campanas bien forjadas.

 

Escogiste esta misión, porque sin que nadie te lo dijera te sentiste elegido entre muchos, ya que este ministerio supone selección.

 

Conoces el misterio de las almas y llegas a ellas sin ruidos estruendosos. Las despiertas a la realidad, enseñándoles a usar de su libertad que supone una conciencia bien formada, personalidad recia, conocimiento de sí mismo y criterios propios y equilibrados.

 

MAESTRO...

Coopera con el Maestro de Galilea. Su misión continúa. Despeja las tinieblas y derrama luz, siempre.

 

Con mucho aprecio,

 

El profesor del curso.

 

 

(c) 2008. Alfonso Paredes Aguirre
universidaddelavida@gmail.com