Carta final...                                       INICIO

Querido hijo:

 

¡Eres la sangre de mi sangre, hijo! ¡Cómo no te iba a proteger! ¡Soy madre! Lo eres todo en el hogar que yo rijo. No, yo sola... ¡No pude sin tu padre!

 

Ya no sé qué hacer con tantos rechazos... ¿Comprendes por qué siento esta impotencia? Tus palabras me hieren como hachazos... ¡No me pidas que tenga más paciencia!

 

¿Por qué no comprendes que me haces daño? ¡Ay, Dios! Perdona... ¡Maldita soledad! Tratando de amarte, año tras año, He chocado siempre con tu terquedad.

 

Se me hace tan difícil ser amable, Cariñosa... Me siento tan dolida. Sí, pensarás que me siento culpable. Puede... También me siento imcomprendida.

 

Tu rebeldía, tu actitud arrogante, Tu deseo de hallar libertad, de irte, No importa que te llore o que te cante... ¿Nunca creerás que no puedo sufrirte?

 

Saliste a un mundo lleno de codazos, ¡Claro que es ley natural! Te marchaste... ¡Cual puñales siento aún tus portazos! ¿Qué es lo que ha tirado todo al traste?

 

¡Estoy ya tan cansada! ¿¡Y ésta calma...!? Créeme, por Dios, no pienses que es tarde. Te guardo en lo más hondo de mi alma Como la cruz que soporta el cobarde.

 

Tengo que confesarte mi enfermedad, Con este miedo y mi amor más sincero.Ya no puedo ocultarte más la verdad. Me voy ya, hijo... Tu madre: te quiero.

 

Anónimo

 

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2006. Alfonso Paredes Aguirre