Carta para mi niña que fue                    INICIO

Nunca te olvides de tus sueños. Ellos son parte de tu vida, ellos son tu vida, ellos son la vida.


Sólo sueñan los que viven, los otros, los demás, pueden estar cerca de ti, pero no viven porque no sueñan. Sólo sueñan los que viven.

Iza las velas de tus pensamientos y persigue siempre tus sueños. Tus sueños  dorados son los que te dan vida, energía, poder, alegría… pero matizados con dolor, fracasos y, penas. Esto último afina tu espíritu, fortalece tus manos, sensibiliza tu corazón, pues eso necesitas para lograr tus sueños.

Mientras persigas tus sueños, habrá neblinas que oscurezcan tu camino. No te detengas, guíate por la brújula de tu corazón. Existen cosas que no verás con los ojos, pero sí las verás con tu corazón.

En este viaje no vas sola, vas acompañada con la niña que existe y siempre existirá dentro de ti. Pregúntale a ella, y ella te recordará constantemente tus sueños. De muchos peligros te librará la voz que escuches de tu eterna acompañante.

Esa niña vivaracha, que hay en ti,  te expresará en su lenguaje infantil sus sueños, los mismos que tú tienes ahora, solo que expresado en un lenguaje maduro. Porta en este viaje una foto de esa niña y colócala en la parte más visible de tu mente.  Ella, en este MAR, es una pequeña luz, que te guiará cual faro al puerto que Dios te ha asignado.

Quizás, en este momento, empieces a sentir nostalgia al pensar en esa niña que fuiste. Tienes todo el derecho. Pero tienes el deber de darle su lugar a los recuerdos positivos, a los momentos alegres… para que no empañes tus sueños. Tus fuerzas no deben ser disminuidas en vano, cuídalas. El viaje es largo.

En cada sueño que logres, detente en un puerto y celebra su logro. Haz fiesta, regocíjate, pues esto te ayudará a lograr otro sueño.

Mi embarcación va adelante,  va adelante en el tiempo, y va adelante en experiencia. Me toca decirte lo que yo encontré en el camino y eso hago y eso haré.

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