Carta de una madre antes del viaje...       INICIO

Querida hija:

 

El día que esta viejita ya no sea la misma, ten paciencia y compréndeme. Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme los zapatos, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer lo mismo.

Si cuando conversas conmigo, repito y repito la misma historia que sabes de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame... Cuando eras pequeño para que te durmieras tuve que contarte mil veces el mismo cuento hasta que cerrabas tus ojitos...

El día que esta viejita ya no sea la misma, ten paciencia y compréndeme. Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme los zapatos, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer lo mismo.

Si cuando conversas conmigo, repito y repito la misma historia que sabes de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame... Cuando eras pequeño para que te durmieras tuve que contarte mil veces el mismo cuento hasta que cerrabas tus ojitos...

Cuando sin querer me haga mis necesidades, no te averguences y compréndeme que no tengo la culpa, pues ya no puedo controlarme. Piensa cuantas veces..., cuando eras niño te ayudé y estuve pacientemente a tu lado hasta que terminaras lo que estaba haciendo.

No me reproches porque no quiero bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguía y los mil pretextos que te inventaba para hacerte más agradable el aseo. Acéptame y perdóname ya que yo soy la niña ahora...

Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré atender, te suplico que me des el tiempo que sea necesario y no me lastimes con una sonrisa burlona.

Acuérdate que fui yo la que te enseñe tantas cositas: comer, vestirte... Y te proporcioné una educación para que enfrentaras la vida con éxito, todos son producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.

Cuando conversemos y me olvide de lo que estamos hablando... Dame el tiempo que sea necesario para recordarlo y sino puedo hacerlo no te burles de mi; tal vez no era importante lo que hablaba pero si el hecho de que me escuches.

Si alguna vez ya no quiero, no insistas... Sé cuánto puedo y cuánto no debo. Compréndeme que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para saborear.

Cuando me fallen mis piernas, porque están cansados para andar... Dame una mano tierna para apoyarme, como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernitas.

Cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir... no te enfades. No tiene que ver con tu cariño o con cuanto te amo. Compréndeme que yo ya no vivo, sino sobrevivo y el dolor de saberme impotente me lleva a esas palabras.No te sientas triste e impotente por verme como me ves, dame tu corazón, compréndeme y apóyame como yo lo hice, cuando empezaste a vivir. De la misma manera como te he acompañado en tu sendero, te ruego me acompañes a terminar el mío.

Dame amor y paciencia y yo te devolveré gratitud con el inmenso amor que tengo por ti.

Tu madre.

INICIO

 

 

2006. Alfonso Paredes Aguirre