Carta al hijo que fue...                      INICIO

Querido hijo

Hijo mío, que te críe entre mis brazos, 

acaricie tu rostro miles de veces, llore cuando algo te afligía,

te entregue mi amor y mi vida, creciste rápido veloz, 

como las rosas, me sentía orgulloso de tu existencia

 

Cada minuto de mi vida te la entregaba, consolaba todas tus penas,

tus risas y tus juegos me llenaban de gozo,

cuando tu estabas triste, yo preocupado,

jugamos juntos días enteros,

tu venias a mis brazos, sediento de cariño,

al anochecer te llenaba de besos en tu alcoba,

te quedabas dormido entre mis brazos,

miraba tu rostro, cuando soñando estabas,

daba gracias a Dios, por tener un ser de mi sangre,

si tenías pesadillas, acallaba tu llanto,

y de nuevo volvías a tu dulce sueño.

 

Noches enteras, pase junto a tu almohada,

porque tu presencia me hacia mas fuerte,

y cada mañana cuando el sol mas brilla,

daba gracias a Dios por tu presencia,

lavaba tu cara, te llenaba de besos,

te ponía tus ropas, te llevaba al colegio

el fin de semana corríamos juntos,

bien en los campos, o jugando al fútbol.

 

Pasaron los años, creciste muy rápido,

nuestros caminos no se cruzaron,

pero si un día quieres venir junto a mí,

yo te estaré esperando, te daré un gran abrazo,

para sentirte de nuevo en mi seno,

para que sepas que mi sangre es la tuya,

y si tu quieres volver a ser niño,

llenare de nuevo tu corazón de cariño,

porque simplemente eres mi hijo.

Lobato

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2006. Alfonso Paredes Aguirre