Carta a mi padre:                                 INICIO

En días pasados y con ocasión de celebrar el día del Padre, teníamos una grata tertulia, un grupo de grandes amigos del Caracas Theater Club, con la asistencia mayoritaria de hombres , ya con hijos y hasta con nietos, que comentábamos las experiencias pasadas y vividas con nuestros padres, muchos de ellos ya fallecidos y el rol actual, que nosotros como padres estamos cumpliendo y estamos obligados a cumplir con nuestros hijos y la gran diferencia que se observa en el comportamiento de nosotros con nuestros padres y de nuestros hijos con nosotros.

Algo que quedó demostrado por la gran mayoría, fue el respeto que todos y cada uno de nosotros sentíamos por nuestros padres y que a pesar de nuestro comportamiento un poco más estricto que el que nosotros profesamos a nuestros hijos, mas de uno de nosotros llevó "Tu tate quieto, jalón de orejas, regaño o pela" además de la alta presión por cumplir con sus estudios, pero que en el fondo reconocíamos, que gran parte de nuestro éxito en la vida, ha dependido de esas grandes enseñanzas, que influyeron de manera fundamental y determinante en nuestra formación.

Muchos comentamos de nuestra conducción y trato hacia nuestros hijos y sobre todo la diferencia en la forma de su comportamiento, ahora más directo, de mas libertad y de no aceptación "Al pie de la letra" de los consejos paternos ofrecidos, llegando a la conclusión, de que no pueden ser abandonados a su destino, aunque seamos repetitivos en su orientación hasta el cansancio, ya que nuestra obligación como padres, nunca termina y su crecimiento como adulto, dependerá de la formación básica familiar.

Siempre he tenido muy presente desde niño, que la formación de hogar es la más importante, pues es la que define, salvo algunas excepciones, la personalidad del ser humano durante casi toda su vida, lo demás, lo vamos aprendiendo através de la observación y aplicación diaria del mundo que nos rodea y de lo que nos enseñan nuestros maestros, en las escuelas, liceos, universidades o academias, es decir, si nacimos de un hogar, honesto, serio, trabajador y responsable, por lógica, debemos tener estas cualidades dentro de nuestro carácter como individuos, a menos que el entorno sea distinto y cambiemos nuestros hábitos, por otros no muy buenos.

En su escrito "Oración de un Padre", Douglas MacArthur, dice: "Dame, Oh Señor, un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuando es débil y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo; un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada y humilde y magnánimo en la victoria. Condúcelo, te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos. Allí déjale aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan, que su corazón sea claro, cuyos ideales sean altos, un hijo que se domine a sí mismo, antes que pretenda dominar a los demás; un hijo que avance al futuro, pero que no olvide el pasado y que con humildad pueda recordar siempre la sencillez de la verdadera grandeza, la imparcialidad de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la verdadera fuerza. Entonces, yo, su padre, me atreveré a murmurar: NO HE VIVIDO EN VANO".

Casi todos los padres, deseamos que nuestros hijos sean mejores y le enseñamos a vivir realidades y sobre todo, que aprendan a decidir por si mismos y aceptar responsabilidad por sus acciones, para que nunca se lamenten de que otros forjaron su destino, pero que sepan que no están solos en el mundo y que son parte importantísima de un núcleo familiar, que comparte sus logros y fracasos en el largo camino de la vida.

Pero muy pocos hijos, hacemos un reconocimiento a nuestros padres, por todo aquello que ellos hacen por nosotros, desde nuestro nacimiento y durante todo el camino de nuestra vida, por eso hay 2 viejos dichos que señalan: " Ningún hijo sabe lo que es ser padre, hasta que tiene un hijo", y "Un padre puede ocuparse de sus cinco hijos, pero sus cinco hijos no pueden ocuparse de un padre", somos mezquinos, con nuestros padres y en la mayoría de los casos, solo les damos valor después de muertos.

Cuando mi padre, cumplió 80 años de edad, en el ocaso de su vida, me puse a pensar que podría decirle, que no fuera la tarjeta tradicional que se compra el día del Padre o de cumpleaños y que muchas veces, hasta viene escrita en inglés, y decidí escribirle una carta y contarle todo lo que lo quería y admiraba de él y todo lo agradecido que estaba por haberme conducido al hombre que soy hoy.

Recuerdo que la carta , escrita en un momento de inspiración, comenzaba diciendo entre muchas otras cosas:" Papá, te extrañará que yo te escriba una carta en esta ocasión y yo también estoy extrañado de cómo antes, no se me ocurrió escribirla, siendo tan fácil hacerla, ya que no tengo nada que inventar, por que tienes todos los atributos positivos, que un ser humano pueda tener, ya que eres, trabajador, honesto, estudioso, dedicado, ordenado, metódico, decidido, responsable, amigable, generoso, conciliador, sociable, culto, educado, activo, con personalidad atractiva, optimista, emprendedor, agradable, creativo, valiente, buen líder, no eres egoísta y te gusta dar y compartir con los demás, siendo en tu vida personal un ejemplo de lo que es ser un buen hijo, buen amigo, buen esposo y para todos tus hijos, has sido un magnifico Padre, a quien debemos todo lo que somos hoy, mi mejor regalo para ti en esta ocasión es :"El reconocimiento", que Dios te bendiga y te dé salud y podamos tenerte por muchos años más.

Al fallecer papá, 9 años después a los 89 años, trate de conseguir la carta, para guardarla como un recuerdo, pero no la encontré entre sus papeles, por eso después de la tertulia del Club, mis amigos me invitaron a recordarla de nuevo. Gracias.

Anónimo.

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2006. Alfonso Paredes Aguirre