Carta de perdón...                                INICIO

Querido hijo:

En esta carta quiero hablarte de uno de los problemas más difíciles que todo ser humano halla en su vida. Espero que considerarás estas palabras con toda atención, no porque en ellas haya de decirte cosas que no sepas, sino porque de la manera como resuelvas el problema a que me refiero, dependerá tu felicidad.

Se dice que cierto hombre fue acusado ante Napoleón como participante en un complot contra el Imperio. La prueba la constituía una carta escrita por aquella persona. Esta, por fin, fue sentenciada a muerte. La esposa de aquel infortunado acudió al emperador y con lágrimas le rogó que salvara a su esposo.

 Fue tan impresionante y patético su ruego, que Napoleón ordenó a su secretario que le trajera la carta acusadora. Cuando la tuvo en sus manos se la mostró a la mujer y le preguntó:

- Es ésta la letra de tu esposo?

Ella admitió que así era. Volviéndose hacia el secretario, Napoleón preguntó:

-¿Es ésta la única evidencia que hay contra él?

- La única -ratificó el secretario.

 

Napoleón tomó la carta y ante los ojos asombrados de la mujer que lloraba y del secretario, la arrojó al fuego.

Volviéndose hacia la mujer le dijo:

- No existe ya evidencia contra su esposo, vayan en paz.

 

Napoleón perdonó.

 

Quizás la palabra perdón sea la más difícil de pronunciar. Sin embargo, quien no sepa hacerlo, jamás será feliz. Quien lleve sobre su corazón la carga de una enemistad o de un disgusto contra alguno de sus semejantes, llevará dentro de sí una inquietud y una amargura que poco a poco pueden ir minando todas las fuerzas morales y espirituales de sus ser.

 

Que Dios te bendiga, hijo mío, para que recuerdes siempre que no hay nada más grande ni más digno que perdonar.

 

B. Pérez Marcio.

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2006. Alfonso Paredes Aguirre