Mi oración no tardía...                        INICIO

"De joven yo era un revolucionario, y mi oración consistía en decir a
Dios: 'Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo'.

A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma,

transformé mi oración y comencé a decir:

 

 'Señor, dame la gracia de
transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a
mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho'.

Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a
comprender lo estúpido que he sido.

 

Mi única oración es la
siguiente: 'Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo'. Si yo
hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado
mi vida."
 

Anónimo

 

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2006. Alfonso Paredes Aguirre